martes, 25 de octubre de 2011

Elecciones nacionales en Santa Fe

Votar, un buen ejercicio de domingo


Los argentinos eligen autoridades nacionales. Para los santafesinos, cuatro elecciones en un año y un resultado previsible juguetean con un cielo grisáceo que quita el entusiasmo.


Se dice que el hombre es un animal de costumbre. Este domingo, por cuarta vez en el año los santafesinos se acercan a las urnas. En esta oportunidad, para elegir presidente y diputados nacionales.
El cielo viste tediosamente monocromático. En la escuela 264 “Constituyentes” ubicada en la Avenida Juan Perón 3158 de la capital santafesina, reina la serenidad y la armonía, poco habitual para aquellos que ya han completado varios casilleros del documento. Lejos parecen haber quedado las colas interminables de años anteriores y el bullicio que en cada elección se impone en el establecimiento, como en tantos otros de la ciudad. Hoy se vive una dinámica ágil, aunque el sistema electoral es el mismo que en años anteriores.
La serenidad que se respira, permite detenerse unos segundos en el cuarto oscuro. Por lo general, nunca hay tiempo para mirar, pensar, ver las diversas boletas e intentar hacer un cuadro de situación y tal vez, el más aventurado lanzarse a predecir algún resultado o simplemente observar como se transforman los lugares que diariamente cobija a los chicos para aprender, en el paso previo del voto hacia la urna.

La siesta santafesina se apodera del día, sin embargo las autoridades de mesa y fiscales sonríen a quienes deciden emitir el voto en ese instante, como si el cansancio no les importara.

A través de los años, casi imperceptibles se sellaron distintos cambios. Los responsables de la seguridad, más allá de su función se convirtieron en guías de los establecimientos. Postal conmovedora para aquellos que alguna vez no tuvieron democracia en la niñez.

La vereda parece vacía. Algo falta. El horizonte de la calle es otro. Efectivamente, a diferencia de otras oportunidades no se ven los transportes partidarios para los votantes, paisaje presente en todos los comicios a partir de la recuperación democrática.

La consolidación democrática desterró la solemnidad acartonada dando paso a la distensión de un hecho casi cotidiano. Afortunadamente, no se registran sobresaltos, ni conflictos.
No es un domingo más; los argentinos deciden, a través del voto, el séptimo presidente después de la recuperación democrática de 1983. Cómo toda elección, esta también tiene sus propias aristas. El resultado es previsible. Las primarias y las encuestas auguran un final arrasador, habrá que esperar. Pero sin lugar a dudas, es una buena gimnasia ir a votar.




Gabriela Martínez

Los comicios movilizaron el Paracao

Un atípico día peronista



Las condiciones del tiempo indicaban que el de ayer no sería un día soleado y agradable, y por ende peronista, pero el Frente Para la Victoria ganó las elecciones por un margen implacable.

La jornada electoral estuvo signada por lluvias intermitentes. Sin embargo, el porcentaje de votantes en la provincia trepó al 80 %, un 5 % más que en las Primarias.

Un postal de esa alta concurrencia podía notarse en la tranquila zona sur de Paraná, donde sólo las elecciones justificaban el inusitado tránsito de vehículos desde por lo menos media hora antes de la apertura de los comicios.


Se escucha otra vez el cantar de los pájaros. Ya no llovizna y  es mediodía.

En las inmediaciones de la Escuela Nº 18 Evaristo Carriego no hay lugar para estacionar en por lo menos dos cuadras a la redonda, como si todos los de esa seccional hubieran acordado ir a votar antes del almuerzo.

Adentro, abunda gente, paraguas, mate y torta frita.

Llovizna en forma intermitente y en cada mesa la larga cola demanda paciencia. Una mamá joven toma su celular y le sugiere a su pareja que no la espere y le dé la mamadera a Ema.

Otro chaparrón y las filas de cada mesa se disciplinan bajo las galerías del patio de la modesta escuela pública.

Bajo tres  grandes ficus, en una especie de paraguas comunitarios, se aglutinan acompañantes y presumibles punteros que sin identificaciones partidarias siguen de cerca los pasos del acto electoral. “¿Qué? ¿A los nuestros?”, grita sin importarle una señora, que respira profundamente y asiente repetidas veces con la cabeza.

De pronto,  la desesperación de una mujer  de unos setenta  años concita todas las miradas, mientras se esfuerza por describirle  a un policía la fisonomía del  compañero que concurrió con ella a la escuela y que ahora no encuentra.

Es larga la espera pero nadie se impacienta. Algunos recurren a sus celulares, otros parecen recorrer las filas con la mirada, como buscando un conocido o simplemente intentando descifrar el secreto de cada voto.

Lo cierto es que, pese a lluvia, el resultado cantado y un supuesto desinterés generalizado por la política, el nivel de concurrencia en estos comicios fue de un civismo inaudito.


Carolina Atencio

Elecciones en Aranguren


Elecciones en Aranguren, Entre Ríos

Las protagonistas del domingo
El patio interno de la escuela primaria 102 "17 de Agosto" está dispuesto a ser el escenario de estas elecciones 2011. En los laterales se sitúan las mesas electorales próximas a cada aula, que en esta ocasión harán de cuarto oscuro. Sobre el fondo del patio, se alza un telón colorido que denuncia que allí, dos noches antes, se realizó una fiesta de disfraces para los alumnos de la escuela.
En el hall de la institución, sobre un pequeño pizarrón están colgadas las hojas en las que constan los nombres de los votantes que comienzan y finalizan cada mesa. Los arangurenses se acercan hasta allí a consultar en qué lugar deben hacer la cola para finalmente, depositar su voto.
La ansiedad por ejercer este derecho rápidamente se convierte en disgusto cuando los votantes se dan cuenta de que la cola que deben hacer se continua por fuera de las instalaciones. --"Yo vine hoy temprano y había un montón de gente" -- se queja un vecino resignado a esperar su turo en esta segunda que se acerca a la escuela.
El padrón electoral de Aranguren está dividido en cinco mesas, tres de las cuales poseen la mayor cantidad de votantes. Esta distribución motivó la disconformidad de varios ciudadanos, ya que en varios casos, demoraron más de dos horas para cumplir con su deber.
Durante la espera podías saludar a los amigos que hacía tiempo no veías, enterarte de la vecina separada que ahora tiene pareja nueva o, la jovencita que nuevamente está embarazada.
Pero algo rompe con ese clima de encuentros y comentarios. Un hombre, ajeno a la localidad, comienza a agredir verbalmente a uno de los fiscales y el presidente de mesa debe pedir el desalojo de la persona.
La tensión crece y las fuerzas de seguridad allí presentes se movilizan hasta una de las mesas electorales. Los comentarios se deslizan hasta conocerse el motivo de la discusión: las boletas "truchas".
A pocas horas de iniciado el proceso electoral, en la mesa 1186 se habían encontrado boletas del partido oficial adulteradas. Las autoridades de mesa acordaron que frente a la aparición de boletas esas boletas fraudulentas, se las consideraría válidas porque se respeta la intención de voto de cada elector.
--¿Podés creer lo que hicieron? --pregunta una señora a otra. --Sí, es de no creer. La priemra vez que pasa algo así.
Las boletas de la Alianza Aranguren Para Todos habían sido intercambiadas por otras de color pálido respecto de las originales y las iniciales del partido estaban modificadas, pero no así, el número de lista y los nombres de los candidatos.
Una vez solucionado el conflicto, las elecciones continuaron con normalidad y aquel episodio sería la comidilla para alimentar comentarios posteriores.
Claudia Corrales.-

Elecciones 2011 en Paraná, escuela Estrada.

HÚMEDO Y CONCURRIDO

El domingo de elecciones tiene un no se qué. La gente se mueve diferente, la ciudad tiene otro ritmo. Después de los ruidosos días de campaña llegó la calma. En Paraná llueve y la jornada se torna más especial. La escuela Estrada recibe, como puede, a los votantes.

La fiesta de la democracia no se refleja en los rostros adustos, ansiosos y atentos de aquellas personas que esperan para emitir su voto. La única sonrisa alegre y amable disponible es la del representante de las fuerzas de seguridad, en este caso la prefectura naval, que está ahí con su uniforme impecable y la sonrisa dibujada, como de día de fiesta.

La esquina de Laurecena y avenida Ramírez se ve concurrida. En la escuela Estrada, al medio día las colas se mezclan. A lo largo de un pasillo se distribuyen cinco mesas con sus respectivos cuartos oscuros; una sola puerta de entrada genera un tumulto y un leve mal humor que amenaza con crecer. La cola de la mesa 43 avanza rápido, mientras las demás parecen congeladas. “¡Los de la 39, los de la 42!” gritan llamando a los votantes por turnos. De esta manera intentan organizar a todos los que están ahí listos para votar, resguardados en las galerías y amontonándose para que la lluvia no los toque.

Los niños upa de sus mamás se duermen, no hay explicación de cómo harán ellas cuando entren a votar, con sus brazos ocupados. Hay muchas opciones, largas listas de diferentes colores para elegir, para poner en el sobre y así “decidir”.

Una nube blanca se instala en el patio central de la escuela. El ambiente húmedo y las ráfagas de viento traen el humo y el olor a asado de domingo al medio día. Se impacientan aquellos que planearon el almuerzo familiar, el asado con los amigos o simplemente una siesta para pasar la tarde, que seguramente seguirá lluviosa. Luego vendrá el momento de seguir por la tele o la radio los resultados de las elecciones.

En la puerta de la escuela remises y autos particulares con el número 92 esperan a sus pasajeros. ¿No hay de otras listas? Algunos, pero son tan pocos que casi no se ven.


Lorena Raffin